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Las peores experiencias que he tenido como emprendedora

Hoy quiero escribir un blogpost de salseo. Uno de esos que van bien para que una pueda desquitarse un poco. ¿La diana perfecta para esta ocasión? Las experiencias negativas que tuvimos como emprendedores, Pablo y yo, sobretodo al principio.

Resulta que la semana pasada fue mi cumpleaños: ¡31 primaveras! Quizás por eso llevo unos días reflexionando sobre ciertas cosas que me han pasado en estos últimos años.

Desde que fundamos nuestra empresa en 2013, han habido muchas experiencias positivas. De hecho, la mayoría.

Pero también han habido algunas negativas.

Sé que muchos de los lectores de SrMomo estáis empezando un negocio. Probablemente sea tu caso. Por eso, quiero compartirlas para prevenirte de cosas que pueden pasarte y así puedas evitarlas.

O quizás ya hayas empezado tu andadura empresarial y te sientas identificado con alguna situación -lo cual no sé porqué pero me daría una extraña sensación de alivio-.

Son siete en total. Te las voy a presentar por orden cronológico, para que veas que las dificultades son sobretodo al principio.

Atento porque allá voy.

¿Por qué compartir las malas vivencias?

El motivo es sencillo: el camino del emprendedor es un camino lleno de rosas. Y las rosas tienen espinas. Unas espinas de la ostia, de hecho.

Y esto no se explica.

Si buscas información sobre emprender, la gran mayoría de lo que encuentras son bonitas historias o casos de éxito. Parece que el patio está lleno de personas que han llegado a lo más alto.

Todos queremos ser un Mark Zuckerberg o un Amancio Ortega. Pero la realidad es distinta: 9 de cada 10 nuevas empresas españolas cierran antes de los tres años.

¿Dónde acaban estos fracasos? Te lo digo yo: encerrados tras un tupido velo de vergüenza.

Es una lástima pues, como todo en la vida, las malas experiencias son las lecciones más valiosas cuando empiezas un negocio.

En esta entrada, yo quiero compartir las mías. Como verás, en más de una ocasión, hemos tenido motivos por los que abandonar nuestro negocio.

Pero, ¿sabes qué? Aquí estamos seis años después, en contra de las estadísticas.

Quiero explicarte este lado negativo de la emprendedoría porque creo que puede resultarte útil.

Al contrario de lo que pueda parecer, al finalizar esta lectura, mi intención es que tengas más ganas de luchar por tirar adelante tu proyecto empresarial.

Ahora sí, empieza el mambo.

Mis 7 mayores problemas al emprender

Cuando empezamos, en la primavera de 2013, Pablo y yo teníamos un proyecto muy distinto al actual: queríamos montar una red social turística con posibilidad de alojarse en alojamientos seleccionados. Dicho de otra forma: una mezcla entre minube/tripadvisor y Toprural/AirBnB.

A pesar de que este proyecto a día de hoy no existe, conseguimos algunos hitos:

  • Tener el respaldo de Barcelona Activa.
  • Conseguir un préstamo participativo de ENISA.
  • Quedar en primer lugar en los premios otorgados por la Escuela de Turismo CETT (Universidad de Barcelona) para proyectos emprendedores.

¿Sabes qué queda de todo esto? Nada, a nivel material. Pero muchísimo a nivel de experiencia.

#1 Buscar un tercer socio

Para llevar a cabo el proyecto que te he descrito antes, nuestra idea era tener una empresa de 3 patas: una de marketing (Pablo), una de diseño (yo) y una tecnológica (el tercer socio).

El socio tecnológico lo necesitábamos para poder desarrollar una solución a medida. Nosotros no sabemos programar y por eso lo teníamos que buscar fuera.

Estuvimos en conversaciones con algunos programadores, algunos más conocidos que otros. Pero sus exigencias eran muy altas.

A todos los que les propusimos la idea, les gustó. Y la idea de formar parte de una start-up encantaba a todos. Pero sólo la parte guachi e idealizada de Sillicon Valley.

Por ejemplo, te voy a explicar lo que pasó con uno de los que accedió. Pablo y yo aún nos reímos a carcajada limpia cuando lo recordamos.

Exigía cobrar 1.500€ al mes desde el primer día, para cobrar el doble 6 meses después. Solamente por venir a las reuniones «del consejo». ¡Ah! Y todo ello sin hacer ninguna inversión inicial y teniendo un 33% de la empresa.

De locos. Nada más desconectado de la realidad del emprendedor español.

El mundo de los programadores está altamente cotizado. Desconocía hasta qué punto. Sin conocerla a nivel personal, pedir a una persona de este perfil que forme parte de un proyecto emprendedor es poco realista.

Mi aprendizaje de esta experiencia negativa es que empieces con lo que tienes. Tira adelante con lo que sabes e intenta depender al mínimo de terceras personas.

Una vez abandonamos el proyecto inicial, del que aún tengo más lecciones que compartirte, nos dedicamos a lo que dominábamos: diseño y marketing. ¿La solución para lo tecnológico? WordPress.

#2 Intentar formar parte de una incubadora super cool

Al principio quisimos llamar a las puertas de las incubadoras más importantes de Barcelona.

Ello se tradujo en reuniones previas en las que das el famoso elevator pitch. Allí te aplican un primer filtro en el que analizan si tu negocio está alineado con los objetivos de la incubadora.

Luego viene la traca.

Una vez has pasado este primer filtro debes presentar tu modelo de negocio al comité de selección.

Cuando acabas tu presentación mega ensayada, dentro del tiempo establecido y habiendo mostrado la mejor de tus sonrisas, empiezan las preguntas y las críticas.

Muchos de estos miembros del comité son empresarios con experiencia y éxitos en su haber. Eso significa que no tienen pelos en la lengua. Y, aunque vi de todo, si tienen que desmontarte la idea y decirte las cosas claras, lo hacen. Y lo hacen rápido porque su tiempo vale dinero.

Sinceramente, esta experiencia me desmoralizó muchísimo.

Cuando estás explicándote con ilusión y te destripan tus ideas una vez y otra… pues no mola. Esa gente no cree en ti. Tampoco tiene porqué.

Como es lógico, ellos buscan que el dinero o el tiempo que invirtien en la incubadora les dé algo a cambio: notoriedad como business angels, noticias en prensa o acciones en la próxima ‘gran idea’.

Y si no lo ven claro, no te aceptan.

Al final, nosotros formamos parte de una incubadora más normal. Una empresa pública municipal centrada en acompañar a personas que deciden emprender, sin importar tanto los grandes números o que tu idea sea el próximo Instagram.

Fue una de las mejores experiencias como emprendedora que he vivido.

Además, luego ellos confiaron en nosotros para ayudar a otros emprendedores, a lo que estoy muy agradecida.

Por ejemplo, aquí nos tienes en un seminario sobre WordPress y diseño web.

#3 Contratar a un «trabajador»

Esta ha sido la experiencia que más me enfada de todas.

Resulta que, una vez vimos que no había posibilidad de conseguir un socio tecnológico, teníamos dos opciones:

  • Subcontratar la parte tecnológica a otra empresa.
  • Contratar nosotros a un programador.

Optamos por la segunda, lo cual fue un error.

Contratar a un trabajador tiene muchísimos gastos. En serio, muchísimos. Para que te hagas una idea, un trabajador tiene un coste de empresa aproximadamente del doble de lo que cobra.

Es decir, si un trabajador cobra 1.500€ netos al mes, el coste para la empresa es de unos 3.000€.

Luego tienes que gestionar otras variables: vacaciones, bajas, control de horarios, control de la calidad de su trabajo, sus equipos, riesgos laborales, etc.

Son muchas situaciones que a ti, como empredendedor, te suponen un esfuerzo económico y mental.

Tuvimos un programador en plantilla varios meses. En la entrevista se vendió tan bien que nos la coló.

Al irse de la empresa, descubrimos que literalmente no había trabajado en casi nada. También cambió la contraseña de los equipos que usaba y se negó a dárnoslas.

Ojo, que la responsabilidad fue nuestra. Pecamos de dos casos: de ingenuidad por no malpensar antes y de desconocimiento al no poder entender ni controlar su trabajo.

Mi aprendizaje de esta experiencia es que debes estudiar y conocer el puesto de trabajo que va a ocupar el trabajador. Y hacerlo antes de su contratación.

Para evitar posibles engaños, asegúrate que puedes hacer un seguimiento de lo que hace.

Por ejemplo, nosotros a día de hoy podríamos contratar a un copywriter, un diseñador gráfico, un social media manager o a un fotógrafo. Porque o ya dominamos estas actividades o al menos las comprendemos.

#4 No firmar todo lo firmable

Tras nuestra mala experiencia con el trabajador, decidimos subcontratar la parte tecnológica a otra empresa.

Todo fue más o menos bien hasta que la empresa cambió de directivo. Este nos reajustó los costes y pretendía cobrarnos más por un trabajo ya firmado y casi pagado en su totalidad.

¿Por qué quiso cambiar las reglas del juego en medio del partido?

Nuestro primer proyecto era gordo, por lo que según el contrato el primer paso era hacer un documento que se llama ‘de especificaciones’. En este tipo de desarrollos, la empresa tecnológica se casa con este documento, que también hay que firmar, más que con el contrato.

Resulta que el día en que, tras trabajarlo juntos durante semanas y acordarlo, ambas partes debíamos firmar el documento de especificaciones en sus oficinas, desaparecieron los bolígrafos.

Literalmente.

Nosotros, ilusos como éramos, dijimos que no pasaba nada. Que al haber confianza, seguíamos adelante sin necesitar de estampar una nueva firma.

Cuando el nuevo responsable de nuestro proyecto entró en escena, el tío se acogió a este hecho.

Tengo que decir que de esta salimos medio airosos, porque aunque no nos acabaron el proyecto, tampoco les pagamos la última factura, que era de un 25% del total.

Mi aprendizaje a raíz de esta experiencia es que hay que firmarlo todo. Es la única garantía de que el trabajo se va a realizar en las condiciones estipuladas.

Desde entonces, es algo que llevo a rajatabla en ambos sentidos: tanto cuando soy clienta como cuando soy proveedora.

#5 Intentar cerrar la empresa

Esta es la experiencia más triste que he tenido como emprendedora.

Tras los baches que ya te he explicado, decidimos que era mejor no insistir. Demasiado sufrimiento y desgaste para algo que ni siquiera había visto la luz.

Además, el único acreedor que teníamos era el préstamo participativo de ENISA: un tipo de crédito otorgado sin garantía personal.

Así que decidimos cerrar la empresa tras un año de andadura, confirmando así las estadísticas que dan al respecto.

Para cerrar la empresa, nos asesoramos con el abogado de la incubadora en la que estábamos. Comentó que al tener solamente un acreedor, no podíamos hacer un concurso de acreedores pues se necesita al menos dos. No existe un ‘concurso de acreedor’.

De esta forma, la vía disponible para cerrar la empresa nos iba a costar un ojo de la cara. De hecho, todo lo que teníamos en la empresa.

Al final, nos aconsejó simplemente no hacer nada: ni cerrar, ni pagar. Lo que hicimos fue negociar unas nuevas condiciones de devolución del préstamo.

Y, curiosamente, así empieza la remontada.

De esta experiencia negativa me llevo el mejor de los consejos que te puedo dar:

No te rindas hasta que, de verdad, no haya solución. Si hay una pequeña esperanza, apuesta por ti mismo.

#6 La travesía del desierto de reflotar una empresa fracasada

Vale. No pagamos, no cerramos. Y ahora qué.

Resulta que cuando te quitas la presión de encima por tener que triunfar, y cuando ya no puedes estar más decepcionado, es cuando pueden surgir las mejores ideas.

A ver, Pablo sabía de marketing y yo de diseño. Eso tiene que valer algo. De acuerdo, no somos programadores. Pero tiene que haber algo.

Entonces, como ya te he anticipado antes, recuperamos WordPress.

Ya lo habíamos usado antes: para crear landing pages, webs informativas, webs propias o de negocios de familiares y conocidos.

Pero no habíamos pensado en aprovecharlo como la base de un negocio que acabó siendo nuestro salvavidas: diseñar páginas web autogestionables a un precio mucho menor que el de las webs hechas a medida.

En aquella época, la mayoría de webs se hacían aún sin usar ningún CMS. Decirle a una PYME que podías diseñarle una web que se viera bien, pudiendo hacer ella misma los cambios que quisiera en textos e imágenes, y todo por menos de la mitad del coste habitual, era un filón de oro.

Así que montamos nuestra web rápidamente, enviamos newsletter presentándonos y empezaron a entrar solicitudes de presupuesto.

Eso nos salvó. Pero solamente fue el principio de un largo camino para recuperarnos.

Por eso este punto lo coloco como experiencia negativa: los siguientes 2 años fueron los más esclavos de mi vida.

Lo que nos supuso

Si te digo que trabajaba todos los días de cada semana no te exagero. Además, para mantenernos, Pablo tuvo que combinar su trabajo en la empresa con el de camarero.

A todo esto añádele que, al estar realmente metiéndome en este mundillo, tenía que aprender muchas cosas. Para ello realizaba cantidad de cursos online, seminarios, webinars, etc.

Entre trabajo y aprendizaje, mi jornada laboral solía ser de 12 horas.

Consecuencia de aquello fue una tendinitis bastante fuerte en mis brazos, que aún arrastro. Además de un aislamiento social y familiar importante: ¡solo trabajábamos!

Nuestros esfuerzos se concentraban en ganar dinero para pagar la deuda. Luego ya venía vivir y por último, el ocio.

La parte buena de esta etapa

El aprendizaje positivo que me llevo de esta experiencia es que trabajando duro se consiguen resultados. No son rápidos y el proceso es duro, pero se acaba saliendo. ¡No te rindas!

Además conservo un recuerdo muy bueno de esos años, y es tener la sensación de que estás haciendo algo épico. Algo que ni tú mismo creías que podía pasar.

Recuerdo la locura de cerrar 3 presupuestos en un día y sentirnos los putos amos.

Puedo decir que en 2015 habíamos revertido completamente la situación y, aunque quedaba mucho préstamo por devolver, empezamos a disfrutar realmente de tener nuestra empresa.

De hecho nos marcamos un señor viaje a México para celebrarlo.

#7 Aceptar clientes malos

Al principio lo aceptábamos todo. Aunque había clientes que los veíamos venir, necesitábamos la pasta. 🤷‍♀️

Es una situación por la que todo emprendedor pasa, a no ser que tengas una cartera llena o un padrino.

Personalmente, me ha brindado la oportunidad de conocer todo tipo de clientes malos.

Por ejemplo, un cliente malo es aquel que:

  • Te dice cómo tienes que hacer tu trabajo.
  • No quiere pagarte lo que le presupuestas y te pide un descuento.
  • Pasa olímpicamente de ti, de tus emails y de tus llamadas. Y por supuesto, de tus facturas.
  • Te llama a las 10 de la noche para pedirte cosas.
  • Te habla de forma inadecuada. Uno me respondió una vez al teléfono diciéndome: «Hola caperucita, soy tu lobo». Real.
  • No te quiere pagar hasta que le entregas el trabajo. Y una vez entregado no te lo paga.
  • Te hace desplazarte varias ocasiones a sus oficinas para tener reuniones que duran horas. Para acabar contratando a otro.
  • Te pregunta muchísimas cosas con el único objetivo de aprovecharse de tu conocimiento, sin intención real de contratarte después.

En general, estos son los peores tipos de cliente que he encontrado. En su día les hicimos caso a todos, pues existía la posibilidad de que nos contrataran o pagaran algo.

El aprendizaje que me llevo de estas experiencias es que ahora los detecto antes de que me puteen. Y soy yo misma la que no da pie a que se den estas situaciones porque prefiero no trabajar con ellos.

Conclusión sobre mi experiencia como emprendedora

Sería super injusto que me quedara solo con la parte negativa.

Ser emprendedora me ha permitido vivir de lo que me gusta. Levantarme cada mañana contenta porque tengo que trabajar en algo que no me aburre.

Además he conocido a gente maravillosa en el camino que sí apostó por nosotros y a grandes profesionales.

Así que si estás al inicio de un proyecto emprendedor, grande o pequeño, no te rindas. Los inicios son difíciles, y no lo digo por decir.

Desde hace unos años mi frase favorita es:

A veces se gana y a veces se aprende.

Antes de tener mi propia empresa había trabajado como asalariada para otras empresas, y siempre me acababa asqueando ir a trabajar. Cuando no era una cosa era otra.

Hoy en día, cada vez que tengo un nuevo proyecto en el radar, me lleno de energía. He conseguido vivir como quiero, viajar de vez en cuando y disfrutar de mi trabajo. Y eso compensa las experiencias negativas que pueda tener.

Para finalizar, si por alguna razón tu pata tecnológica es también WordPress, aquí te mostramos cómo sacarle partido.

¿Te ha gustado el post? ¿Quieres que escriba más de este tipo? Te animo a compartir tu experiencia como emprendedor en los comentarios, tanto si es buena como si es mala. La leeré encantada 😊

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2 comentarios en “Las peores experiencias que he tenido como emprendedora”

  1. Genial el blog, me ha parecido muy interesante vuestra experiencia y da mucha perspectiva.

    Un placer cruzarme con este artículo. 😁

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